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jueves, diciembre 15, 2011

Espresso

Por: Lucy Originales



Duele, duele mucho. Es como una taza de espresso. Eres un shot cargado de cafeína y has desaparecido igual, como un sorbo que no da respuesta, sólo preguntas: ¿cuántas cargas lleva tu espresso? Eres un sorbo que se atora en mi garganta; un sorbo que yaga. Antes de conocerte tenía un camino menos doloroso, lleno de incertidumbre, sí, pero tangible, el amor es todo lo contrario. Mi camino era de letras. Un camino de concreto, metódico, de una línea, algunas curvas y topes, puntos y comas; pero llegaste, contigo caminé por un mes a ciegas. He sido ingenua: siempre hay dos caminos y tú fuiste la “Y” en el mío, ahora no tengo rumbo. Nada ha terminado, pero parece también que nada continúa. Es estática a la medianoche. ¿Dónde estás? Mentí el otro día, dije que no podría escribir porque en mi pensamiento sólo estás tú, pero te has alejado para que te olvide, entonces, con la ausencia, vienen a mí las palabras, aquéllas que dijiste “se las lleva el viento”. Difiero, a las palabras no se las lleva ninguna cosa, sólo otro lector: uno que jamás conoceré, con quien jamás platicaré, a quien jamás besaré, ni abrazaré, mas siempre me llevará en su mente como te llevo ahora a ti. Las palabras están conmigo: las tuyas y las mías.
Regrésame a lo que soy contigo, o regrésame al día antes de conocerte, pues quiero saber no extrañar tu amor. Me conformo si me regresas veinte minutos antes de nuestro encuentro, antes de llegar al centro comercial. Si te parece más sencillo, espera a que termine mi espresso, espera allá afuera, tómate tu tiempo, camina, da vueltas, pero no entres, prometo que terminaré el café rápido aunque se queme mi lengua y saldré de inmediato por la otra puerta para que, cuando tú entres a comprar el tuyo, yo no exista en tu mirada, así jamás me harás amarte…

domingo, abril 25, 2010

Lo que uno encuentra en la calle...

60 pesos me costó este libro, es más, creo que hasta menos.
En efecto, es una cosa que no buscaba, pero qué bueno que nos encontramos.

lunes, abril 17, 2006

Litio

A E.M.
Un año es nada, aguanta.

No te encontré MeEchéAyer, la miopía me impidió reconocerte; te veía en la vieja gorda de cabello corto, cara aplastada; en el tipo sin cabello rascándose la cabeza, desesperado; te confundí con uno de los barrotes.
“Hermoso”, me haces acariciarte las costillas golpeadas con el humo viajando al techo: notas de un tango en mi nueva recámara para el insomnio. Ahora soy yo quien viaja de norte a sur con piernas cruzadas, espalda encorvada; ahora soy yo quien tiembla. Háblame MeEchéAyer, de qué lado de la cama estás, en qué esquina buscas una hormiga; no puedo quedarme tapada haciendo compañía al moco de mi cuerpo.
El Rey Felipe ha muerto, lo convirtieron en un niño llamado Lalo: sin barba, sin cabello largo, aún alto y delgado; sin pantalón corto a media nalga y todo porque decidió hablar en otro idioma, en uno ajeno al de los humanos.
No estás loco, sólo un loco tomaría las pastillas que hacen negar los bocetos de tu cabeza bipolar: no actúas, no diriges, no escribes, no me coges.

¡Detente Lucifer!
Fuma, pierde el ritmo de tus letras que la sangre se calienta y vienen las palabras de la vieja lechosa con calzón negro.
“Va lento, no le puedo decir que vino, pero puedo decirle que preguntó por él… mire, sólo le puedo decir que está mejor, por lo menos ya se le entiende a lo que dice, ya no está como hace unos días. Ya gesticula un poco mejor…” Asomó la cabeza por la puerta, te busqué en su descuido, nada. Maldita “disque” enfermera. Sí, dígale que preguntó Lucy Originales por él, estúpida vieja horrible y provocadora, dígale al pinche MeEchéAyer que necesito sus nalgas fuera de este lugar. Dígale que salga YA. Quítese vieja revoltosa, déjeme pasar, ¡abra la puerta!
“Muchas gracias señorita, soy Lucy Originales, le agradeceré el favor. Si viene la mamá de Eduardo, dígale que ahí estamos… para cualquier cosa, de nuevo gracias. Sí, ORIGINALES”
Mi linda sonrisa surrealista.

La puerta se cerró en mi nariz chata, diez pasos para llegar al carro; las llaves sudaron con la temperatura ambiente de treinta y seis grados centígrados; sudaron con nuestra madrugada guardándose en la mano. El aire acondicionado soltó basuritas que entraron en mis ojos rojos. Pequeños, lloren.
“Sólo por una noche MeEchéAyer, te haré daño y yo me voy. Estás mal de la cabeza guey, y yo estoy peor porque aquí estoy, pero yo… yo no tomo pastillas. Esto es sólo de una noche, tómalo y déjalo” Palabras que rebotaron conmigo sobre el volante del auto. Pasan semanas y sigo en el café -Tumbaos en el piso-, con el recuerdo de tres días.
Lucy Espinosa Originales