Por Lucy Originales
“Cuánto ha crecido Torreón… cuándo ibas a pensar en semejante tráfico” diría mi abuela (ahora) de copiloto, observando las gotas sobre el Diagonal Reforma.
El pasado diciembre regresé a Torres para las fiestas con la familia, donde existe una división de estados (es difícil partir el pastel en cuatro partes), sin embargo, se logra estar con cada uno de los integrantes sabiendo administrar el tiempo y, hasta pude escaparme en diversas ocasiones (siempre se extraña un ratito de soledad), recorriendo las calles de Torreón.
Me invadía la nostalgia conforme transitaban cuadras y cuadras de imágenes en un cortometraje de lo que ha sido, o fue, mi vida en aquellos parajes desérticos e industrializados: Hay vida en el desierto, recordemos el spot de un gobierno. Tomé la ruta Torreón-Matamoros a pie de carretera frente al cementerio e inició el flashback de oriente a poniente, bajé en la calzada Colón, caminé con rumbo a un punto impreciso, di vuelta en la solitaria y sucia avenida Morelos, ahí sorprendí los edificios en inmensurable descuido, toqué aquél que sirvió como refugio al Instituto de Servicios Educativos de Coahuila (que desde hace algunos años se llama Secretaría de Educación y Cultura de Coahuila) y hoy sirve de cobijo para ratones y otros animales.
No dudo que los cambios -por lo general o casi siempre-, inclinan la balanza a lo positivo, pero el centro de mi ciudad sugiere el olvido. La avenida estaba sola y entregada a mi dado fechas respectivas y día domingo, la memoria no fallaba, imposible sería encontrar un “Café de la Esquina” para reposar un rato; llegué al Palacio Federal, crucé a la Plazuela Juárez donde ni las aguas celis estaban asediadas y los ornamentos de bancas, sirven ahora como punto de encuentro mañanero-dominical a parejas homosexuales que siguen tras los matorrales. Esta situación no debería presentarse puesto que el Pacto Civil de Solidaridad se puso en marcha desde el jueves 11 de enero de 2007, mismo que busca “promover la disminución de las conductas discriminatorias a un gran segmento de la población coahuilense”. Debo admitir pensé, los bolillos (y no los gringos) levantarían su masa en un “Sí” al igual que aquellos comandados por…, sin embargo, aun cuando no fue así, la Comunidad Gay no se rindió, empacó sus mejores ropas y viajó a Saltillo, apoyando el PCS; siempre he dicho, ya les tocaba, bastante hicieron en los últimos dos años para ser reconocidos, sin que esto implique ser señalados. Queda en claro que no es estrictamente para unas pocas parejas homosexuales, sino también para unas muchas parejas heterosexuales buscando “la ayuda y la asistencia entre dos personas”
Parece que estamos tomando muchos ejemplos del país vecino, “aguas” pues deberían preocuparnos ciertas declaraciones del nuevo gobierno que pone como primer interés la lucha contra el terrorismo, por lo menos el muro de la vergüenza ya no se levantará dado que los buenos amigos están pobres, como nosotros
No cantemos victoria, todo se puede, si no, preguntemos a las familias mexicanas si dejarán de consumir tortillones. Se dirán en México las palabras de Bush: “¡ups!, perdón, creo que sí me equivoqué”
Mi caminata continuó hasta la Plaza de Armas con cansados y temerosos pasos, ojos bien abiertos que no se acostumbran a la idea de dos Torreones en fin de semana; uno donde ha pegado con fuerza la modernización por el consumo, al estilo bolillezco (culpable soy también), aunque limitado para algunos tanto que el dinero es importante, mas no falta salir de perdido con un significativo vaso de nieve o cafezuco. No me atrevo a hablar bien o mal de los centros comerciales como atractivo para un paseo familiar dominical, incluso creo que da fruto, prueba es que hasta casinos tenemos en Torreón y la entrada de dinero es más grande que el vado del Nazas, sin embargo, ¿por ello se obvia (y justifica) el abandono del otro Torreón con sus calles y edificios: el centro, que guarda nuestra historia y cultura?
Se acercaba la hora de comida, la tripa rasgaba el estómago en busca de un taco, como buen mexicano pensé “a la panza no se le hace esperar, a la vieja, sí”, entonces encontré el café sobre la Morelos y llegaron los recuerdos de los recuerdos de mi abuela, tiempos danzoneros de “una expresión pura y elegante entre las personas que lo saben bailar”, como sugiere Sam, mi maestro informal de baile. “¡Ah! La abuela chévere”, pensé. Cómo le brillan los ojitos pausando nuestra conversación al recordar a tan excelente bailarín que fue mi abuelo hasta que llegó mi madre y sentó a la abuela para dar sus primeros pasos. Así fue como el danzón llegó a la segunda generación en mi familia, estancándose hasta mis veintidós primaveras cuando mis oídos y mi lindo cuerpo, tuvieron su primera vez danzonera (afortunada o desafortunadamente) en un lugar donde esta música sigue viva.
Hablo de Guanajuato capital, tierra con “sube y baja” que me gusta tanto; por las tardes se escuchan danzoneros en el Jardín de la Unión y otros días en la Presa de la Olla, todo esto contribuye a dar ese colorido tan peculiar de la ciudad (locura fue el FIC 2001 que tuvo como estado invitado a Veracruz, jóvenes de veintitantos perdían el pudor a equivocar un paso). El danzón aquí sigue vivo y es poco probable que llegue a perderse el gusto por el “baile netamente mulato y timbalero… un chancachan chacachacan chacan, con la misma clavecita” como diría el profesor de música Ubaldo Miranda.
Pero, ¿qué pasara con el danzón en mi amado Torreón?, no dudo que, así como yo, muchos jóvenes nos limitamos a decir que esa música es sólo para los abuelitos, únicos que mantienen éste con sus bailes para la tercera edad en las plazuelas de Torreón; sí, nuestros “viejitos” (palabra tan despectiva que no deberíamos usar), reviven con este baile y ¿qué sucederá cuando no estén nuestros abuelitos?
Seguramente hay un montón de cosas más importantes en las que se tienen bien puestos los ojos en este momento, pero esto es cultura, si bien una prestada, con el tiempo se ha hecho nuestra y habrá qué hacer algo por mantenerla, es ahora, en este preciso “momento”. Los torreonenses debemos tomar la palabra al gobernador que tiene entre sus prioridades el apoyo a la cultura, de otra forma, no sólo será el danzón lo que podría irse “6 feet Ander”, sino también nuestra parte histórica. Ya se dio un paso con el PCS en Coahuila. Guanajuato es una ciudad hermosa, tiene como ventaja que no se ha hecho una línea paralela en el tiempo, ha conservado su cultura, aunque muchos digan “Guanajuato no es lo que parece”, los que no tenemos “eso” que otros estados parecen tener, estamos en una búsqueda constante por ello. Buscamos lo que no tenemos, y cuando lo tenemos, olvidamos que existe. Creo que los guanajuatenses, sólo deben recordar que tienen una cultura muy fuerte y prácticamente presente en cada piedra, que no se olvide y que siga existiendo el apoyo para la preservación de la misma. De cualquier forma, en caso de no encontrar más danzón aquí o en Torres, ¡siempre estará Veracruz! Saludos a los torreonenses (y coahuilensen) en Guanajuato.
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domingo, abril 15, 2007
De la Pequeña Lucy
Por Lucy Originales
Alguien me dijo una noche de platicas con tequila “no se trata de escribir algo nuevo, sino de escribirlo diferente” y todo porque se me ocurrió ir un día de fin de semana al cine para toparme con algo que no me hizo muy feliz.Acostumbro no revisar la cartelera e irme directo a taquilla, pedir un folletito y leer la sinopsis de las películas, particularmente de las etiquetadas como “cine independiente” o “cine de arte” o de “otro enfoque” como le llaman los de la monstruosa Capital del Cine.
Por fortuna, había varias películas dentro de ese género, sin embargo, llamó mi atención una con título Yo Puta (dirigida por Luna de nacionalidad española). La sinopsis me recordó a ciertos personajes en mi novela (no escrita) y, por temor de encontrar en algunas escenas de la película pasajes de mi novela, decidí no entrar a verla. Al marcharme, busqué de emergencia una cita con mi puta amiga psicóloga para comentarle lo sucedido pues afirmé “No volveré a escribir pues ya todo está escrito”, a lo cual mi “flexible” amiga respondió “¿acaso crees que somos las únicas putas en el mundo?”.
Y bueno, después de un rato de trova nocturna y cafeína, olvidé mi estúpido pánico y continué disfrutando a los hombres y la “flexibilidad” que nos ha dado la vida para hacer anotaciones en el futuro sobre mis aventuras.
Tiempo después, limpiando mi biblioteca, el rosa amigo Paulo Cohelo apareció frente a mí con su pasta suavecita color blanco y azul cielo (o lo que me parece un azul cielo), y una rosa en medio, con el título del libro que me aventé en mis maratones literario-camioneros:
Apenada, en un café literario, hablando de nuestras últimas adquisiciones, tuve que aceptar haber comprado “algo” de Paulo Cohelo y platicar de qué trataba ese algo; oportunidad que llegó en el mejor momento pues pude dejar en claro el atractivo del libro: narra la vida de una puta que termina felizmente casada con el héroe (un famoso pintor que hace a la mujer dejar su oficio, no sin antes enseñarle còmo olvidar el placer por el masoquismo, experimentado con otro de sus importantes clientes).
Cohelo nos da un final en su novela estilo hollywoodense que, aunque se aclara en la misma todo estaba planeado, es inútil no recordar películas de género romántico donde el hombre (en la novela), detiene a su amor -con todo y ticket en mano- en el aeropuerto antes de abordar y no la deja regresar a su ciudad natal en América del Sur. Dicha historia regresa a mi mente, torturándome, al escuchar el relato de la “no callejera” Mona de Federico Aubele (compositor argentino), donde la mujer también decide dejar su pueblo para probar suerte en Europa pero ésta, jamás regresa.
Así pues, conforme se terminaban las botellas de alcohol y, unos comentaban que todo sucede en L.A., yo volvía a decir “todo ya está escrito” después de dar los ejemplos arriba mencionados, lo cual no fue suficiente para que mi tío-primo dejara de hacerme ver con palabras muy sutiles -…en este pinche negocio… chaparra-, me apuntaba con su dedo, mientras tragaba unas papitas -no se trata de innovar o escribir algo nuevo, sino el cómo lo escribes. El hombre parecía vocero de mi “ague” pues afirmaba que muchos escritores se han hecho de leer a otros y que yo debía dejar a un lado mi negativa idea de huirle a lo ya dicho, ver Yo Puta y, además, leerme las Memorias de mis putas tristes de García Márquez, dicho libro dio paso a una extenuante conversación sobre el tema de las putas.
De un tinto californiano nos pasamos a un tinto chileno, dejamos correr el tiempo disfrutando del clima en el balcón con una hermosa vista al puerto en San Pedro, California, riéndonos de la nada cuando, cansada del tema, pensé en algún momento, poner fin a nuestras tonterías con una canción de Fernando Delgadillo, la cual habla de un tipo amante de la pornografía; sin embargo, la noche era larga y mi cumpleaños aún no terminaba y preferí seguir escuchando musiquita de los ochenta hablando de otros temas de carácter intelectual. Hubo muchas teorías sobre los motivos para que el negocio más antiguo del mundo siga en boca de todos y/o vivido por unos, experimentado por otros, mismas que en algún momento les haré conocer.
Con mucho respeto pido a los lectores de no me hagan comprar el libro de las Putas de García Márquez ya que si alguien lo tiene, puede prestármelo y tal vez lo lea, también acepto invitaciones a ver la película Yo Puta, aunque prefiero seguir experimentando dicho tema, aclarando que es un acto no lucrativo. Todo sea por amor a la literatura y tal vez pueda entregarles algún día, un libro que hable de las “Historias de mi amiga flexible y yo”. Por lo pronto, les dejo las primeras líneas de una historia que recogí en mis caminatas por las calles de una Ciudad romance.
La gente se hace a la orilla y pared en las calles para que la feliz pareja pueda pasar sin problema, intentan desviar miradas de las arrugas y canas bien marcadas en él, pero sólo logran ver la cara infantil y cuerpo atractivo de ella; con ojos grandes y vista apenada se dan cuanta de la relación de aquellos dos pues sus manos juguetonas de pigmento diferente, van entrelazadas a un costado de sus dueños que ya acostumbrados a la sorpresa de terceros que, sin duda se preguntan “serán padre e hija?”, detienen su andar para entregar al público un beso labio a labio.
Él, seguramente se enfrentaba a palabras con sus hijos adolescentes mientras ella…
jueves, febrero 15, 2007
Tres y uno
De las tardes con mi padre.
Quién es ese hombre sino el más extraño de todos mis hombres, aquél al que no puedo penetrar con la mirada pues estoy dentro, el extraño más enfermo; falta mucho por gozarlo, habrá tiempo y en todo caso, ni el arrepentimiento nada en mi cabeza, le he degustado; le tengo en préstamo pero siempre es mío, desde un día negro, incluso antes, quizá desde el día que me imaginó, pensó, quiso y deseó en sus viajes ya que sólo mi padre, en su locura, ha debido buscar un fruto como yo. La confrontación se convirtió en nuestro mejor aliado siendo parte de la tolerancia y aceptación que me enseñó a tener hacia mí, hacia él y, por lo tanto, luego de muchos tropiezos, hacia la vida.
“Disfruta mujer aventurera” dijo el hombre de poco cabello, muy atinado e inversamente proporcional a la inmensidad de su pensamiento que cuando llegó el momento preciso, se detuvo en su persona. Le contesto “Eso hago”, donador de genes. Nada tengo para él en retorno que lo que soy, siquiera un agradecimiento.
Del “ahora” con LuzMa.
El ayer no existe, sólo en turbulencia, pero fue también el mejor de los enfrentamientos, ya que LuzMa no es mi madre, es LuzMa: mujer de agallas, de grueso cuerpo y corazón noble, mujer heroína novelística, mujer de orgullo, mujer de retrato (y espejo) en mi mañana. LuzMa es LuzMa y yo soy yo, pero hay más unión que entre átomos por nuestra avaricia gigante de ser cada día mujeres. A ella sí, no la presto ni alquilo, ella es mi LuzMa; pendejos aquellos hombres que han deseado tenerla siempre consigo (aun mi padre), no se puede, es libre de ser mujer. Nadie más que yo puede atormentar sus sueños, puede dolerle: yo, su hija. Nadie le merecemos y nadie ha de verle llorar, ni ella ha de llorar por nadie. Con LuzMa empieza mi vida y ya sin ella, algún ser habrá empezado su vida conmigo; sin LuzMa yo no sabría cómo es ser Lucy, necesito mi contrario, mi balanza, mi contacto con el mundo cotidiano pues yo no disfruto más, que cuando la veo reír por mi sonrisa o preocuparse por mis andanzas. Ella hace que mire más allá de mi mundo ególatra, nada interesan para mí los demás hasta que estoy a su lado.
La amistad empieza “ahora”, después de mis tantos y sus tantos hombres encima, sé lo que duele y bailamos por ello, no se embriaga conmigo, yo lo hago sola, por ella y por mí…
De mis primeros pasos con Josephine.
Hija, madre, abuela, bisabuela, mujer sumisa de un libro cerrado con pura belleza que no ha podido ver más que a través de los ojos de Dios; mujer de trabajo.
Por Josephine conozco la envidia: de sus años, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos, de sus hombres, de sus pasiones adulteradas en el claustro; su pasión es y será entregarse por nada a cambio.
Única mujer a la que he gozado por entero, robado parte de su alma y ¿cómo pagar a tan dichosa musa que me hace pensar en la miniatura que soy, en la creencia de grandeza?
La verdad es que soy hipócrita, le pienso, le busco, le miro y le escribo, para robar más de ella, que le tengo endiosada.
Josephine, Diosa insensible que me entregó todo en amor; por ella soy lo que soy y por ella quedan estas palabras con el apellido del hombre que, supongo, amó.
Lucy Originales
Quién es ese hombre sino el más extraño de todos mis hombres, aquél al que no puedo penetrar con la mirada pues estoy dentro, el extraño más enfermo; falta mucho por gozarlo, habrá tiempo y en todo caso, ni el arrepentimiento nada en mi cabeza, le he degustado; le tengo en préstamo pero siempre es mío, desde un día negro, incluso antes, quizá desde el día que me imaginó, pensó, quiso y deseó en sus viajes ya que sólo mi padre, en su locura, ha debido buscar un fruto como yo. La confrontación se convirtió en nuestro mejor aliado siendo parte de la tolerancia y aceptación que me enseñó a tener hacia mí, hacia él y, por lo tanto, luego de muchos tropiezos, hacia la vida.
“Disfruta mujer aventurera” dijo el hombre de poco cabello, muy atinado e inversamente proporcional a la inmensidad de su pensamiento que cuando llegó el momento preciso, se detuvo en su persona. Le contesto “Eso hago”, donador de genes. Nada tengo para él en retorno que lo que soy, siquiera un agradecimiento.
Del “ahora” con LuzMa.
El ayer no existe, sólo en turbulencia, pero fue también el mejor de los enfrentamientos, ya que LuzMa no es mi madre, es LuzMa: mujer de agallas, de grueso cuerpo y corazón noble, mujer heroína novelística, mujer de orgullo, mujer de retrato (y espejo) en mi mañana. LuzMa es LuzMa y yo soy yo, pero hay más unión que entre átomos por nuestra avaricia gigante de ser cada día mujeres. A ella sí, no la presto ni alquilo, ella es mi LuzMa; pendejos aquellos hombres que han deseado tenerla siempre consigo (aun mi padre), no se puede, es libre de ser mujer. Nadie más que yo puede atormentar sus sueños, puede dolerle: yo, su hija. Nadie le merecemos y nadie ha de verle llorar, ni ella ha de llorar por nadie. Con LuzMa empieza mi vida y ya sin ella, algún ser habrá empezado su vida conmigo; sin LuzMa yo no sabría cómo es ser Lucy, necesito mi contrario, mi balanza, mi contacto con el mundo cotidiano pues yo no disfruto más, que cuando la veo reír por mi sonrisa o preocuparse por mis andanzas. Ella hace que mire más allá de mi mundo ególatra, nada interesan para mí los demás hasta que estoy a su lado.
La amistad empieza “ahora”, después de mis tantos y sus tantos hombres encima, sé lo que duele y bailamos por ello, no se embriaga conmigo, yo lo hago sola, por ella y por mí…
De mis primeros pasos con Josephine.
Hija, madre, abuela, bisabuela, mujer sumisa de un libro cerrado con pura belleza que no ha podido ver más que a través de los ojos de Dios; mujer de trabajo.
Por Josephine conozco la envidia: de sus años, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos, de sus hombres, de sus pasiones adulteradas en el claustro; su pasión es y será entregarse por nada a cambio.
Única mujer a la que he gozado por entero, robado parte de su alma y ¿cómo pagar a tan dichosa musa que me hace pensar en la miniatura que soy, en la creencia de grandeza?
La verdad es que soy hipócrita, le pienso, le busco, le miro y le escribo, para robar más de ella, que le tengo endiosada.
Josephine, Diosa insensible que me entregó todo en amor; por ella soy lo que soy y por ella quedan estas palabras con el apellido del hombre que, supongo, amó.
Lucy Originales
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